Yoga y Arte

Niyamas

La actitud conmigo mismo. Como complemento de nuestras actitudes hacia el exterior, en relación con los seres que nos rodean, los Niyama nos indican actitudes que podemos aplicarnos a nosotros mismos, hacia nuestro interior. Al igual que los Yama son cinco y su dimensión, o grado de aplicación va aumentando a medida que las vamos concienciando en nuestra vida diaria. En un principio podemos reconocer ambientes en los que nos sea más fácil aplicar uno u otro niyama, pero el esfuerzo y la continua introspección, vichara, pueden estimular a nuestro ser para conocer, concienciar y aplicar cada vez más ampliamente Niyama.

Las observancias son: limpieza, contentamiento, ascetismo, estudio de sí mismo y devoción al ser supremo (YS.II.32).

Sauca (limpieza)

Limpieza, pureza, cuidado del propio cuerpo y de lo que le rodea. Nuestro entorno refleja e influye en nuestro interior. Hay que acentuar la limpieza y el orden en todo lo que nos rodea. Cuanto más consideremos nuestro entorno como un templo, más nos acercaremos a lo Divino.

La limpieza o purificación en sentido amplio, śauca, es una actitud personal básica que permite apreciar la imperfección personal y social a fin de alentar el trabajo hacia su eliminación

La limpieza conduce al deseo de protección del propio cuerpo evitando el contacto negativo con cualquier otro (YS.II.40)

La limpieza produce, además, purificación mental, alegría, atención, dominio de los sentidos y capacidad para la autoobservación (YS.II.41)

La limpieza, interna y externa: Para todo bienestar es necesario llevar una limpieza. En lo referente a nuestro exterior, la limpieza del cuerpo, la de nuestro entorno y de nuestros utensilios y, como cada vez se nos plantea más acuciantemente, la de nuestro medio ambiente. Un entorno sucio o descuidado no favorece ningún tipo de acción evolutiva, tanto para nosotros como para los demás y el esfuerzo necesario para remediar una situación de descuido o abandono suele exigir un gran esfuerzo, con la carga una tensión y de sacrificio innecesarios. La alimentación sana, suficiente y desprovista de elementos que intoxiquen excesivamente nuestro cuerpo nos facilita este estado de limpieza. El nivel interno tiene que ver con la limpieza del cuerpo, los sentimientos y la mente. La práctica de asanas nos ayuda a limpiar nuestro cuerpo y eliminar las resistencias y toxinas que en él se acumulan por un comportamiento erróneo, y el pranayama limpia y tonifica nuestros pulmones, oxigena nuestra sangre y libera a nuestro sistema nervioso de sobrecargas y tensiones. Nuestro ser necesita, aún más que la limpieza del cuerpo la limpieza de nuestros sentimientos y de nuestras actitudes mentales erróneas. Así pues, el detectar, comprender y situarnos en el camino de corregir estas actitudes emocionales no deseables es otro tipo de limpieza. Igualmente, el eliminar del intelecto (buddhi) todo tipo de pensamientos que dispersen nuestra concentración en el momento presente y ensucien nuestra materia mental (citta) lo conseguiremos mediante el estudio del ser (svadyaya) y las prácticas regulares de concentración (dharana) y meditación (dyana). La limpieza, al desarrollarse, señala lo que debe ser constantemente cuidado y lo que es eternamente limpio. Lo que se deteriora es exterior. Lo que no se deteriora está, profundamente, en nuestro interior. Además, llegamos a ser capaces de reflexionar sobre la muy profunda naturaleza de nuestra própia individualidad, incluyendo la fuente de la percepción, sin sufrir la distracción de los sentidos y libres de la comprensión defectuosa acumulada en el pasado.

La “pureza” es la primera de entre ellos. Ésta se subdivide en dos grandes categorías: la pureza exterior y la pureza interior.

  • La pureza exterior comprende: la pureza del cuerpo, la pureza del lugar y la pureza de la orientación.
  • La pureza del cuerpo, sea externa o interna, se obtiene por diversos métodos de purificación. Los Shat Karmas son las técnicas más apropiadas para la obtención de esta pureza corporal interna.

A estas técnicas se añade otra muy notable que es el ayuno; abstención total de alimentación durante un largo período de tiempo. Constituye una ayuda esencial para que el practicante puede desembarazarse de esa vieja piel y nacer a lo que él es. La práctica del ayuno también forma parte de la pureza interior y se aconseja en edades que corresponden a grandes cambios:

  • A los 21 años, cuando el hombre acaba el período de adolescencia y comienza la vida adulta.
  • A los 42 años, después de haber adquirido diversas competencias por sus experiencias, se dedica a asumir totalmente su papel social con todas las responsabilidades que le son inherentes.
  • A los 63 años, edad en la que “accede a la vejez y se convierte en una espada de luz”, comenzando entonces para él la plena expresión de su naturaleza espiritual.

Este esfuerzo de purificación corporal por medio de dichas prácticas debe ir a acompañado de una reflexión sana para una alimentación apropiada y de su puesta en práctica.

Pureza del lugar consistente en vivir en un hábitat libre de todos los elementos molestos: insectos, parásitos, poluciones diversas (ruidos, olores…).

La pureza de la orientación se refiere a la manera en la que el cuerpo se orienta con relación a las direcciones cardinales.

  • La pureza interior es la del Ser. Es el fruto de la posesión de los “tesoros celestes” o “virtudes” que representan las cualidades especificas del ser humano.

Estos tesoros celestes son:

  • El control de los sentidos.
  • La ausencia de miedo.
  • El contentamiento del espíritu.
  • Los sacrificios rituales – se trata de sacrificios de sí mismo, de la propia personalidad y de sus bajos instintos-
  • Lecturas y estudios de las escrituras de sabiduría eterna.
  • La penitencia, esta palabra no debe comprenderse en el sentido de privación o de molestia, sino como un cambio de camino cuando uno ha comprendido que el que lleva corresponde a una mala dirección.
  • El arrepentimiento expresa bien esta idea de cambiar de camino.
  • La sencillez.
  • La dulzura.
  • La veracidad.
  • La resistencia.
  • El perdón que no hay que confundir con el olvido.
  • La abstención de toda afirmación del yo, de toda posesión, de todo apego, de toda enemistad, de toda envidia, codicia, ira y agitación.

Samtosa (Sentimiento de contentamiento)

Contentamiento, voluntad de aceptar lo que se presenta, lo cual conduce hacia la gratitud. La gratitud y la satisfacción conectan con el sentido de saṃtoṣa.

Saṃtoṣa es algo más que un simple conformismo pues no es una actitud pasiva sino una actitud de aceptación del “aquí y ahora” para impedir la fuga evasiva hacia el pasado añorado o hacia el futuro ideal de un sueño.

El contentamiento, saṃtoṣa, sirve para desarrollar la ecuanimidad y la humildad, adoptando una actitud totalmente altruista, de desapego ante lo material, todo lo cual llega a proporcionar, por contra, gran satisfacción.

A través del contentamiento se obtiene felicidad insuperable (YS.II.42)

El contentamiento, o facultad de sentirse a gusto con lo que se posee y lo que no se posee. Cuando realizamos acciones diversas podemos sentirnos satisfechos o insatisfechos por las mismas.

La insatisfacción surge de una injusta valoración del resultado de nuestras acciones o de nuestra situación. Quizás esperamos más, pero lo que tenemos o disfrutamos en cada momento es lo único que tiene visos de realidad el resto es ilusión. Ajustarnos a nuestras posibilidades y aceptar nuestra situación presente como lo mejor, nos produce este estado de contentamiento. El resultado de unir nuestra felicidad a la adquisición de posesiones o a que los demás cumplan las expectativas que sobre ellos proyectamos sólo produce una felicidad temporal y condicionada. La riqueza siempre va unida a la satisfacción del momento presente, no es más rico el que más posee si no el que menos necesita. El resultado del contentamiento es la felicidad completa.

El segundo niyama es el “contentamiento”, contentamiento incondicional, en todas circunstancias tales como: placer o pena, ganacia o pérdida, gloria o desprecio, éxito o fracaso, simpatía u odio.

Reducir las necesidades y satisfacerse de lo estrictamente necesario es la condición indispensable para la obtención de este niyama. Así mismo, el hecho de no tomar lo que no le es dado es una actitud indispensable, que debe adoptar el hombre en su aprendizaje.

Será necesario liberarse de la influencia de los cinco Kleshas o aflicciones:

  • La ignorancia o avidya.
  • El sentido de la existencia separada de Brahman, y como consecuencia, separada de los demás o asmita.
  • El apego, fuente de toda posesión o raga.
  • La enemistad, la repulsión o dvesha.
  • El miedo a la muerte o el aferrarse a la vida, abhinivesha.

El hombre debe ser consciente de su responsabilidad en la situación actual y debe aprender a vivir en un “estado de reconocimiento” y de “dar gracias permanentemente”.

Tapas (Esfuerzo continuado)

Disciplina, ardor en las propias aspiraciones, fuego, uso del poder de elección para superar tamas, la inercia, y desarrollar un fuerte sentido de plenitud.

“No permanezcas demasiado tiempo en una situación agradable”.

Tapas es ascetismo, autodisciplina, fuerza de voluntad, devoción austera hacia la práctica. Significa practicar manteniendo la serenidad ante los opuestos; para ello es preciso desarrollar una gran fuerza de voluntad basada en el interés y la autodisciplina. Correctamente practicado no supone sufrimiento, sino un fuerte sentido de plenitud.

A través del ascetismo, mediante la destrucción de las impurezas, perfección del cuerpo y los sentidos

(YS.II.43)

La eliminación de las impurezas que hay en nuestro organismo físico y mental por la práctica de hábitos correctos de sueño, ejercicio, nutrición, trabajo y relajación.

La palabra tapas deriva de la raíz tap que significa abrasar, arder, consumir por el fuego. Indica, por lo tanto, un ardiente esfuerzo para transitar por el camino trazado, y comporta un trabajo de purificación, autodisciplina y moderación. La aspiración hacia un determinado fin o estado requiere un esfuerzo continuado para cumplir con la propia afirmación, sin este esfuerzo continuado la aspiración queda truncada quedando a merced del desaliento y la insatisfacción. En la vida cotidiana, la atención a cada uno de nuestros actos y la voluntad serena de pureza y calidad en cada uno de ellos, es la expresión de tapas, el ardiente deseo de mejorar en todo nuestro ser. Mediante tapas, el yogui desarrolla las mejores cualidades para su cuerpo su mente y su espíritu y gana en disposición de carácter, valor, sabiduría, integridad, rectitud y simplicidad. La eliminación de las impurezas permite un funcionamiento más eficaz del cuerpo.

Este tercer niyama de la “austeridad” o la renuncia a cosas reconocidas como indeseables comprende:

La austeridad física, constituida por reglas y disciplinas de vida propias a fortalecer y aportar una ayuda importante para salvar los obstáculos y ejercicios espirituales purificantes del pensamiento. Los ayunos y diversas penitencias forman parte de este niyama.

La austeridad verbal, que consiste en abstenerse de toda palabra ofensiva. Expresar sólo aquello que puede ser dicho sin pasión. Abstenerse también de toda autovaloración con relación a los demás y de todo propósito vano en general.

La austeridad mental comprende: el silencio interior; evitar embarazar la mente con cosas banales con el fin de adquirir la alegría del espíritu y la concentración y recogimiento en la propia naturaleza divina.

Tapas expresa la idea de calor, de quemar, de fuego abrasador. Todas las técnicas de austeridad tienen como objetivo esencial avivar el fuego interior, ardor específico del individuo, evitando que se debilite y apague. En este sentido “ser ardiente” es el propósito de tapas.

Svadhyaya (Estudio de sí mismo)

Estudio de sí mismo, estudio de textos. Dedicar cierto tiempo cada día para reflexionar y aprender de nuestras acciones. Leer obras inspiradoras que pueda asimilar nuestra conciencia.

La autoinvestigación metafísica, svādhyāya, se fundamenta, en general, en buscar el máximo acercamiento a la comprensión de la realidad utilizando la reflexión y el estudio. Profundizando en el estudio de sí mismo se avanza hacia la conciencia de la propia ignorancia fundamental.

A partir del estudio de sí mismo surge la conexión con la deidad personal (YS.II.44)

El estudio y la necesidad de revisar y evaluar nuestros progresos. Sva significa “uno mismo” y adhyaya significa estudio o educación y también acercarse. Podríamos decir que Svadhyaya tiene los significados de “estudio de uno mismo” y de “acercarse a uno mismo”. La educación de uno mismo consiste en fomentar lo mejor que vive en el interior de la persona. Svadhyaya no es sólo la educación o enseñanza que se pueda recibir de un maestro o de un libro de sabiduría, si no la reacción que esas palabras o enseñanzas producen en nosotros mismos y que nos acercan a la realidad que ocupamos y, a partir de ahí, nos va a permitir nuestra mejora y evolución. Para establecer svadhyaya en nosotros mismos, es recomendable el contacto y el aprendizaje con personas que tengan un nivel espiritual y moral superior al nuestro, pues sólo con una buena referencia podemos mejorar nuestros actos, nuestros conocimientos y nuestro espíritu. La lectura de libros sagrados y de las enseñanzas de maestros son un camino recto para que nuestro ser interior se nos aparezca y podamos entrar en comunión con la sabiduría. El estudio llevado a su más alto grado, nos acerca a fuerzas superiores que ayudan a comprender lo más complejo.

El cuarto niyama es el “desarrollo de sí mismo”, o también el hecho de desarrollarse hasta el punto de acceder a una percepción y conciencia inmediata y clara del Ser Supremo. El conjunto de la práctica va desde luego a contribuir a ella, pero en particular lo siguiente:

  • El estudio de los textos tradicionales y de la enseñanza propuesta por el instructor.
  • Los consejos y propósitos de aquellos que están más evolucionados y su puesta en práctica.
  • La reflexión sincera y profunda en los problemas fundamentales relacionados con el individuo y su futuro.
  • La meditación.

Isvara pranidhana (Dedicación al Señor (calidad de acción)

Renuncia a los frutos de nuestras acciones, sumisión a lo Absoluto. No es la acción lo que cuenta, sino la intención que se esconde detrás. Hay que encontrar la forma de hacer que las acciones surjan del amor auténtico y ofrecerlas a lo Divino. Esto conduce a la liberación ante el apego y las ilusiones de éxito y fracaso.

La sumisión a lo absoluto, el desprendimiento, īśvara praṇidhāna, supone el abandono de todos los frutos de la acción en favor del Sí Mismo Especial (īśvara, Dios, Totalidad, Ello, lo Absoluto, etc) a que se hace referencia en los Yoga Sūtras; con esta recomendación se persigue actuar correctamente, con el fin de cumplir con el propio deber, por el deber mismo.

A través de la devoción al ser supremo se logra plenamente la interiorización completa (YS.II.45)

 La veneración de una inteligencia superior o aceptación de nuestros límites frente a Dios.

Isvara significa Dios; pranidhana prosternación, o sea “rendir amor a Dios”. En Yoga, esta aceptación de Dios es optativa, es decir, no tenemos que aceptar una noción de Dios para entender Yoga. Entonces, el significado dado a Isvara pranidhana es una atención especial a nustros actos. Cuando actuamos ponemos más el acento en la calidad de la acción que en el fruto de la acción. Isvara paranidhana es el ofrecer nuestras acciones al Ser desprovisto de ignorancia, a lo absoluto, en el cual somos. Este ofrecimiento nos permite abandonar el concepto de una vida miserable y bañada en el error para abrirnos a una vida llena de deseo de mejora de autoafirmación como participantes en la magna realización del Ser, de la existencia llena de conocimiento y felicidad no condicionada. La experiencia de Isvara es la de sentirse continuamente protegido bajo un manto de bondad y amor, pues aquel que ha llegado a El experimenta la bienaventuranza y la confianza. Venerar a Dios proporciona la capacidad de comprender completamente cualquier objeto que se elija. “El cuerpo es la raíz del cielo. El que se da cuenta de la realidad del cuerpo puede llegar a conocer la realidad del Universo.”

El quinto y último niyama es el “abandono a la divinidad” o el hecho de redimirse a la divinidad. Hablar, pensar, actuar constantemente de acuerdo con las leyes divinas, hacer ofrendas de todos los actos con el fin de llegar a superar todos los deseos profanos o personales, y emanciparse del querer para sí mismo. Estas condiciones son indispensables para que el conjunto de tendencia opuestas se disuelva por sí solo sin la necesidad de combatirlo.

Entonces se produce el abandono a Dios por olvido de sí mismo. La enseñanza lo expresa notablemente de la siguiente manera:

“Aquél que busca a Dios no lo encontrará jamás. Pero aquél que se olvida de sí mismo hasta tal punto de perder su personalidad, Dios lo encontrará con toda seguridad.

Se trata de hacer estallar la naturaleza egocéntrica, fuente de todos los males.